Casi sin darme cuenta me encuentro en el mes de febrero sin haber clausurado apropiadamente el 2015.
Las estaciones siguen siendo parte de mi vida. En invierno, la nostalgia, la melancolía y otros demonios siempre hacen presencia en esta época del año. Una vez pasada la euforia de la Navidad, la llegada apremiante de un nuevo año me impulsan a mirar hacia atrás, a despojarme de todo, a morir un poco para renacer. ¿Qué hice en este año? ¿qué dejé de hacer? ¿ Qué sueños y propósitos tenía por realizar? ¿ Los cumplí?
En enero del 2015 recuerdo haber escrito sobre una canción de Juan Luis Guerra, " Todo tiene su hora". Me costaba mucho hacer planes cuando sólo unos dos o tres meses atrás había dejado mi hogar y comenzado una nueva vida. En ese momento, simplemente me rendí a lo que la vida quisiera aportarme, dónde quisiera llevarme, porque yo ya no era capaz de hacer planes.
Pasó un año y aquí estoy. Sobreviví. Aprendí nuevamente a vivir. Me adapté, me reconstruí y me armé una nueva vida. Estaba abierta a todas las posibilidades y esa apertura me llevó a conocer gente diferente, a comenzar un trabajo que no se parecía en nada a lo que había hecho antes. Me llevó a conocer a una Alejandra que no conocía. Más desprendida, más osada, más valiente y más fuerte.
El mes de Enero me llevó, sin embargo, a un terreno conocido: Cerrar capítulos y abrir nuevos. Tengo que avanzar para no estagnar y eso ha implicado dejar atrás gente y actividades que cumplieron su misión en mi vida pero que deben partir. Conocido no es sinónimo de fácil.
Como el invierno, sólo queda lo esencial. La vida sólo me permite conservar aquellas personas que realmente pertenecen a mi tribu y me obliga a trabajar para lo que vine.
Por eso este año, lo titularé MI VERDAD, como la canción de Maná y Shakira que adjunto a este artículo. https://youtu.be/ZuupMrAhGXw
La única explicación posible a tantas despedidas, a tantos fines y tantos comienzos es que lo único que la vida me pide es que viva MI VERDAD. Que asuma la persona en la que me he convertido, que asuma lo que ya no me llena, las personas que ya no hacen parte de mi mundo, los lugares que ya no son mi hogar, la vida que ya no me entusiasma, que no me hace vibrar de emoción.
Este año, por mucho dolor que me causen las despedidas, será de cerrar capítulos y dejar sólo lo que constituye la verdad que me define hoy y que me hará finalmente volver a hacerme sentir viva.
A cada uno de ustedes que siguen leyéndo estas crónicas de Mi Camino, les deseo que vivan Su Verdad con la misma fuerza de espíritu.
Algunas fotos de las luces navideñas en Bogotá.


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