Esta semana seguí en directo los sucesos en Francia. Una parte de mi es francesa, mucho antes de adquirir la nacionalidad, incluso antes de vivir en Francia, sentía una gran admiración por los valores republicanos defendidos en la Revolución Francesa.Y el sentimiento sigue presente. La última vez que lo ejerci fue en el Mundial de Fútbol, emocionada ante el Himno Colombiano, e igualmente, ante La Marseillaise. Algo que, dicho sea de paso, Patrice siempre criticaba, aduciendo que él ejercía su derecho a no cantar el himno francés porque le parecía muy violento. Me extrañaba enormemente que no se emocionara con lo que La Marseillaise y su música representan para todo el pueblo francés y para todo el que conozca un poco las implicaciones de la Revolución Francesa para el resto del mundo. Pero entendí que esos símbolos habían ido quedando en el olvido con el tiempo. Es lo que ocurre muchas veces cuando damos por "adquirido" mucho de lo que gozamos y que otros darían la vida por tener: salud, trabajo, familia, amor, agua caliente, electricidad, techo, libertad etc..
Pues bien, sigo con mi historia. Cuando le conté a Patrice que había seguido paso a paso lo sucedido, con su pragmatismo habitual me dijo que dejara la pendejada. Para mí, seguir paso a paso el desarrollo de los acontecimientos de toda la semana era mi manera de "acompañarlos", de sufrir con cada bala y de emocionarme con cada gesto de valentía y coraje. No le hice caso y tampoco me justifiqué. Ejercí mi sagrado derecho a "pensar y hacer lo que me diera la gana", y me emocioné, y lloré ante la pantalla, y "madreé" a los asesinos, despotriqué contra todos los que matan a otros. No hay ideales ni causas religiosas que justifiquen cometer actos de barbarie. Punto.
En la noche, recibí un mail de Patrice, el título era " VOUS ÊTES CHARLIE". Me contaba emocionado que los Diputados de la Asamblea Nacional habían cantado La Marseillaise. Todo lo que había escrito no habían entrado por una oreja y salido por la otra. En resumen me decía que Santiago y yo éramos fieles embajadores de la cultura francesa, de los valores republicanos y del idealismo por el cual tantos han muerto. Una vez más lloré. Sin decirlo, estaba compartiendo conmigo la emoción por los símbolos que hoy más que nunca necesitan recordarse porque tenemos que seguir luchando por ellos, "Ils ne sont pas acquis". Finalmente, los asesinos lograron el efecto contrario. Un acto de venganza y de intolerancia generó un sentimiento más fuerte en la humanidad. La firmeza de los ideales de igualdad, equidad y fraternidad franceses, se convirtieron en un canto a la unidad en el mundo entero. Todos los que creemos en esto "SOMOS CHARLIE".
Feliz semana,

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