Hace un año, Santiago y yo celebramos el Día de las Velitas solos, en Aix, con nuestras veladoras pintadas por nosotros mismos. Las prendimos al interior de la casa pues el frío nos impedía permanecer mucho tiempo afuera. Lo interesante de esta fecha es la oportunidad de tomarnos el tiempo de ver la llama de la vela consumirse poco a poco. En ese momento, no existe nada más. Sólo la relación entre la persona y el fuego. Con su poder hipnótico, nuestros ojos se mueven en la misma dirección de la llama. La concentración es extrema, impedir que se apague con alguna corriente de aire, volverla a prender si ello ocurre, y la tarea de pegarla al piso para que pueda consumirse tranquilamente. Pienso que es ahí donde se llega a un verdadero estado de comunión, con nosotros mismos, con lo que no podemos entender ni tocar.
Este año fue diferente. pasamos este día, por primera vez, en Colombia. Nos reunimos con unos amigos en un parque y pusimos las velas en el borde de un camino, como formando una muralla de luz. Lo curioso fue haber compartido el ritual con amigos y muchas otras personas que ni siquiera conocíamos. El efecto fue mágico. Los niños no tivieron necesidad de correr, ni de traer juguetes para distraerse. Sentarse en el piso y cuidar de cerca sus velas para mantenerlas erguidas y prendidas fue una tarea que ocupó ampliamente sus mentes activas. Los grandes, gozamos como niños. No necesitábamos habernos conocido antes. Todos recordábamos el mismo ritual y estábamos felices que nuestros hijos repitieran la experiencia. Santiago y yo nos sentimos pertenecer.
Fuimos igualmente a ver la película EXODUS. La película va de la mano con este blog por lo que representa. El camino que debemos recorrer para llegar a nuestro lugar, puede ser también la travesía que tenemos que emprender para encontrarnos, para construirnos y por supuesto, para encontrar ese sentimiento de serenidad y de pertenencia que se sienten cuando se llega, cuando se realiza la misión para la que vinimos al mundo. No importa el tiempo que nos tome, llegar es el único objetivo.
En los cortos de la película nos presentaron la historia de los ombligados de Jurubirá, una comunidad en el departamento del Chocó que considera que su sentido de pertenencia a su tierra tiene que simbolizarse con la siembra del ombligo que se cae al nacer en los bebés, en la tierra y sembrar en ese mismo lugar, un árbol.
Roger Cohen, columnista político del New York Times hizo una crónica resumiendo el año, la situación mundial y la imperiosa necesidad de sentirnos todos implicados con lo que acontece en el mundo. Finalmente, no importa cuál sea nuestra cultura, ni nuestro origen, todos necesitamos emprender nuestro EXODO, cumplir con nuestra misión, y llegar.
Les adjunto la canción SEUL de Garou. A pesar de todo, el EXODO es personal, individual. Es nuestra lucha personal, con nosotros mismos, con nuestros miedos y otros demonios. Sólo después de atravesar el desierto y conquistarnos, podremos realmente volver a disfrutar del otro, y encontrar paz.
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